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  Visita Guiada | 24.08.2010 Enviar Artículo  
Foto: Fotos: X. Drieguez / Taller Arquitectura Ricardo Bofill / Joan Serrano
Foto: Fotos: X. Drieguez / Taller Arquitectura Ricardo Bofill / Joan Serrano
 
Barcelona Hotel W: Una obra singular sobre el Mediterráneo

Edificado sobre una zona ganada al mar en la misma bocana del Puerto de Barcelona, el hotel W Barcelona, diseñado por Ricardo Bofill, modifica de una manera singular e impactante el skyline de la ciudad con sus veintiséis pisos en altura. Su diseño en forma de vela y su acristalada fachada juegan con los reflejos del cielo y del mar Mediterráneo, dando la sensación de tratarse más de un edificio marino edificado sobre la ciudad, que no al contrario. Un complejo proyecto arquitectónico, técnico y tecnológico en el que IP se adentra.

 

En la sala de cualquier museo o pinacoteca repleta de cuadros de gran belleza, nuestros ojos acostumbran a fijarse en uno en concreto por encima de los demás. No sabemos bien porqué razón, ese concretamente capta y centra nuestra atención por bellos que sean también los que le rodean. Algo parecido ocurre con la arquitectura de Ricardo Bofill. Destaca, resalta y emociona. Sus edificios son esculturas habitables, confortables, razonables; pero también provocadoras. Además, parecen ocultar una infinidad de claves que insinúan las secretas intenciones de cada obra de este arquitecto y artista, casi a partes iguales.

El proyecto del hotel W Barcelona tenía vocación provocadora desde su mismo origen. Edificado sobre una zona ganada al mar en la misma bocana del Puerto de Barcelona, venía a modificar el skyline de la ciudad desde la primera línea de mar. Esa pretensión siempre causa intenso debate en la capital catalana, perpetuamente preocupada por preservar unas señas de identidad estéticas que, por otro lado, la han convertido en un reclamo turístico mundial.

Cada vez que un nuevo edificio amenaza con destacar sobre el entorno, la polémica sube de tono y la controversia se desata. En el caso del hotel W (popularmente conocido como hotel Vela, tanto por su peculiar forma como por ser el nombre original del proyecto) no ha sido diferente. Ha sufrido duras campañas en contra y mantiene encarnizados detractores. Pero no sería menos cierto que los auténticos iconos urbanísticos de la actual Barcelona, siempre han sufrido ese tipo de críticas feroces; desde la Sagrada Familia a la Torre Agbar.

En primera línea de tierra
Quizás esta vez, y sin que sirva de precedente, sería prudente empezar por la conclusión. Después de visitar el edificio, de recorrer su interior y exterior, de leer las pistas que Bofill ha dejado impresas en sus paredes aquí y allá, de ver cómo su acristalada fachada juega con los reflejos del cielo y del mar Mediterráneo, la sensación es que el hotel W es más un edificio marino edificado sobre la ciudad, que no al contrario. Parece un enorme navío; lujoso, soberbio y elegante que contempla serenamente a la ciudad desde el mar. En su interior las criaturas marinas aparecen incrustadas sobre las paredes con la misma naturalidad que las hallaríamos en el casco de un barco. Además, basta con sentarse unos minutos en la colindante playa de la Barceloneta y ver cómo las olas y las nubes se reflejan sobre su acristalada fachada para que se obre el pequeño milagro de contemplar cómo este enorme edificio parece confundirse, o mejor, diluirse entre el cielo y el mar.

La primera idea formal de ubicar un hotel de estas características en la bocana del Puerto de Barcelona se gestó en la década de los noventa, aunque en aquellos momentos la grandiosidad del proyecto era aún mayor, pues debía alcanzar los 160 m. de altura y adentrarse 20 m. más dentro del mar de lo que ahora lo hace. En última instancia, el consistorio barcelonés decidió limitar la altura a los actuales 105 m. y 26 pisos de altura, ya de por sí bastante impresionantes.

El complejo se ha edificado literalmente sobre el Mediterráneo, pues los terrenos donde se ha construido fue ganado al mar según las directrices del Plan especial de la Nova Bocana, justo al final de la playa de la Barceloneta y al principio del rompeolas que ampara y resguarda una de las entradas del puerto. El Plan reconvertía un espacio remoto y poco valorado, algo así como el finisterrae urbano, en un nuevo polo de atracción; y, aún más que eso, en una zona absolutamente exclusiva de un lujo singular, al dotarla de uno de los mejores hoteles ciudadanos del país, que obtuvo recientemente el quinto lugar entre los mejores hoteles urbanos de España, según la revista de viajes Traveler, lo que representa todo un logro teniendo en cuenta que fue inaugurado hace menos de un año, concretamente el 1 de octubre de 2009.

Las obras de este cinco estrellas comenzaron el 30 de noviembre de 2006 y se prolongaron hasta el 21 de septiembre de 2009, apenas unos días antes de su inauguración, lo que representa otra singularidad del proyecto. En la realización del mismo se utilizó la metodología Fast Track (vía rápida), un sistema de producción habitual en los países anglosajones -pero no tanto en España-, en el que se desarrolla simultáneamente el proyecto y la construcción. Además de ello, la UTE designada para la realización del proyecto (conformada principalmente por FCC, Sacresa, Comsa y OHL) fue también encargada por la promotora y por la dirección del hotel W de la entrega en condiciones para su inauguración, por lo que se equipó y amuebló completamente, de manera que el día de la finalización de obras estaba listo para el inicio de la actividad. Los elementos de mobiliario y decoración fueron, en su gran mayoría, diseñados y/o definidos por los autores del proyecto, es decir, el Taller de Arquitectura de Ricardo Bofill, lo que le ha dotado de una completa coherencia conceptual.

La vela y el pez
Es precisamente esta unidad de criterio en la realización del proyecto, tanto del continente como del contenido, lo que hace muy difícil decidir qué presentar primero e imposible discernir cuál de los dos pondera más. Por una simple razón de orden, empezaremos por los aspectos arquitectónicos generales, pues seguramente eso ayudará a describir y comprender luego mejor los espacios interiores.

El complejo arquitectónico que alberga el hotel W Barcelona cuenta con una superficie total de 49.535 m2 computables como hotel, a los cuales cabe añadir otros 4.300 m2 de locales comerciales complementarios a la instalación. Dicha extensión se distribuye en una planta semisótano, una baja y 26 plantas más, con 105 m. en altura, incluidas las de maquinarias.

El complejo está dividido en cuatro cuerpos, geométricamente muy distintos y fácilmente identificables: la Vela, el Atrium, el Podium y el aparcamiento. De abajo arriba, y empezando por este último, en el lado Sur se ha construido un aparcamiento subterráneo anexo al hotel, con capacidad para 745 vehículos. Su cubierta configura un amplio espacio público denominado plaza Rosa de los Vientos, que es un nuevo mirador sobre el mar y la fachada costera de Barcelona hasta donde la vista alcanza. Una panorámica inédita de la ciudad que visitantes y residentes no deben perderse.

El Pódium es una plataforma de unos 17.800 m2 sobre la cual se asientan los otros cuerpos del edificio que se elevan sobre el terreno: la Vela y el Atrium. Este cuerpo alberga todos los servicios básicos del hotel y los equipamientos más importantes, como las salas de reuniones y de actos, restaurantes, spa, gimnasio, piscinas, bar y todas las terrazas transitables que acaban dando directamente a la playa. El Atrium es un enorme cubo maclado con la Vela y a través del cual se accede al hotel, que además de albergar el espectacular hall, dispone de siete plantas destinadas a las habitaciones.

La Vela es, sin duda, el elemento arquitectónico más destacado y singular del complejo. Dada su altura como su ubicación en primera línea de mar, se encargaron exhaustivas pruebas de simulación aerodinámica en túnel de viento para obtener un cálculo exacto del estado de las cargas y optimizar la estructura, así como la modulación de las fachadas. Toda su estructura está destinada a las habitaciones y, precisamente por su forma y orientación, todas disponen de unas extraordinarias vistas sobre Barcelona, el mar y la línea de la costa o el puerto. De sus veintiséis plantas, veinticuatro están íntegramente dedicadas a este fin, mientras que las dos superiores albergan instalaciones y en la última se localiza el bar más exclusivo del hotel, denominado Eclipse, una atalaya privilegiada para contemplar la Ciudad Condal desde una nueva perspectiva.

Peculiar es el giro que toma el diseño cuando se contempla en alzado o en planta. Si hasta ahora hemos descrito la Vela como un cuerpo arquitectónico perfectamente reconocible como tal, la planta de lo que denominamos Vela se asemeja a un pez, con la espina como elemento delimitador. Con este nuevo símil marino es fácil hacerse una idea aproximada de la distribución interior. El tronco central del mismo (la columna vertebral) representaría el pasillo de acceso a la planta y a las habitaciones, mientras que las espinas serían las divisorias entre habitaciones,
que bajo este diseño quedan perfectamente orientadas hacia el exterior, de manera que proporcionan las mejores vistas a través de la fachada acristalada.

La cabeza de ese imaginario pez (que representaría, al mismo tiempo, el mástil de la Vela) alberga el núcleo de ascensores y montacargas, además de la escalera principal. En el lado opuesto del pasillo, el equivalente a la cola de ese virtual pez visto en planta correspondería a la curvatura de la Vela y a la ubicación de las suites. El pasillo central, teóricamente oscuro por su situación interior, esta abierto a la luz por sus dos extremos con impresionantes vistas. En la salida de ascensores se realizaron voladizos para potenciar aún más la sensación de mirador sin obstáculos; efecto especialmente destacable en la planta veintiséis, en el acceso al bar Eclipse. En el extremo contrario del pasillo se ubica la escalera de emergencia, desde la planta veinticinco hasta la plaza, decalando según la tangencia de la curva de cada planta.

Desde las plantas más altas, la ciudad es un gran escenario, donde el hotel tiene vocación de balcón nuevo, único y privilegiado para su contemplación. Pero, más allá de sus avanzadas formas, esta instalación se creó precisamente para ser eso: uno de los más exclusivos recintos hoteleros de toda Europa, misión para la que no se han escatimado recursos técnicos ni económicos.
El W Barcelona es un hotel de cinco estrellas con 473 habitaciones y 67 suites (estas últimas de diferentes dimensiones y con salón separado, LCD de 32”, acceso a Internet, iluminación ambiental, etc.), además de las instalaciones ya mencionadas, que ha contado con una inversión total de 260 millones de euros, y es el primero que la firma W Hotels Worlwide, de la cadena Starwood Hotels & Resorts, que se abre en Europa.

* Artículo completo en el Nº 36 de IP y en page flip.

www.w-barcelona.com

Xavier Drieguez

 
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